Manizales, lunes 25 de mayo de 2026. Durante 27 años, Isabel Cristina Rincón ha abierto las puertas de su casa y de su corazón a cientos de estudiantes foráneos que llegan a Manizales persiguiendo el sueño de formarse profesionalmente. Hoy, seis jóvenes de la Universidad de Manizales hacen parte de esa familia que ella construye día a día entre conversaciones, comidas compartidas, música y afecto.
Aunque se describe como una mujer de carácter fuerte, quienes han pasado por su hogar recuerdan otra faceta: la de alguien que acompaña, escucha y cuida como una madre. “Cuando ellos se gradúan, muchos me dicen que gracias a mí lo logran, que gracias por alimentarlos, consentirlos y acompañarlos”, cuenta emocionada.
Su labor va mucho más allá de ofrecer una habitación. Isabel Cristina comprende las dificultades emocionales que enfrentan los estudiantes que dejan sus hogares para comenzar una nueva vida: la soledad, la tristeza y la presión de adaptarse. Por eso, en su casa ha creado una filosofía sencilla pero poderosa: compartir para sanar. “Les enseño que debemos estar junticos, hablar, jugar, escuchar música y acompañarnos, porque todos somos una sola familia”, afirma.
Ese compromiso encontró un respaldo especial en el proyecto Familias de Acogida de la Universidad de Manizales, una iniciativa pionera en la ciudad que fortalece el bienestar y el autocuidado de las mujeres que reciben estudiantes en sus hogares. “La madre de acogida” ha participado en todos los espacios del programa y asegura que este ha transformado su manera de entender el cuidado y la salud mental.
Uno de los momentos que más recuerda fue una actividad llamada “El semáforo de las emociones”, en la que aprendió a reconocer sus límites y la importancia del autocuidado. “Entendí que poner límites también es una forma de cuidarme”, explica.
Gracias al apoyo de la UManizales y al trabajo articulado con el Programa de Desarrollo Familiar de la Universidad de Caldas, mujeres como Isabel Cristina reciben herramientas para comprender mejor a los jóvenes y acompañarlos desde la empatía. En este proceso también ha sido clave el apoyo de María Camila Londoño Villegas, estudiante de este programa, quien realiza su práctica profesional en el área de acompañamiento sociofamiliar de la institución.
En la actividad de cierre de semestre realizada con las familias de acogida en el salón Tejiendo Lazos, se evidenciaron avances en su bienestar emocional y en su rol de acompañamiento a los estudiantes.
Con personas como Isabel Cristina, y un acompañamiento institucional adecuado, los universitarios que llegan buscando un lugar donde vivir, terminan encontrando algo mucho más valioso: un hogar, una guía y una familia que permanece incluso después de su graduación.