Manizales, miércoles 7 de octubre de 2026. Los resultados de las pruebas PISA volvieron a poner sobre la mesa los desafíos que enfrenta la educación en Colombia y las brechas que persisten entre estudiantes de distintos contextos sociales, económicos y territoriales. En este escenario, el profesor e investigador Julián Loaiza De La Pava, director de la Escuela de Educación de la Universidad de Manizales, analizó los resultados durante su participación en El Matutino de UMFM y llamó la atención sobre la necesidad de comprender estas mediciones más allá de los puntajes.
Las pruebas PISA evalúan las capacidades de estudiantes de aproximadamente 15 años para resolver problemas relacionados con lectura, matemáticas y ciencias, entre otras competencias. Para Loaiza De La Pava, los resultados evidencian brechas entre colegios oficiales y no oficiales, así como diferencias asociadas al género y a las condiciones socioeconómicas y culturales de los territorios.
En el caso colombiano, señaló que el 44 % de los estudiantes evaluados se encuentra por debajo del nivel básico de desempeño. Aunque los cambios estadísticos en los resultados nacionales no fueron significativos, se registró un aumento de tres puntos en ciencias, una disminución de dos en matemáticas y una caída de nueve puntos en lectura.
El investigador también planteó una pregunta para las instituciones de educación superior: ¿cómo contribuir al cierre de las brechas con las que llegan los estudiantes a la universidad? Su reflexión incluye el papel de las universidades, las familias, las instituciones educativas y el Estado en la construcción de condiciones que favorezcan una educación más equitativa.
¿Qué muestran las pruebas PISA sobre las brechas educativas?
Julián Loaiza De La Pava: Las pruebas PISA reflejan de manera contundente las brechas educativas. La diferencia entre colegios públicos y privados es muy marcada, pero también existen diferencias entre hombres y mujeres. Esto nos debe llevar a pensar qué ocurre con los estudiantes que llegan a la universidad con capacidades que están por debajo de los niveles básicos que proponen estas pruebas.
¿Cómo interpreta los resultados generales de PISA?
Hay un dato importante: para los países de la OCDE se presentan los peores resultados de los últimos 20 años. Los mismos evaluadores señalan que no se trata solamente de un problema derivado de la pandemia, sino de una tendencia que comenzó antes y que representa la caída más pronunciada en dos décadas.
Para Colombia, el 44 % de los estudiantes se encuentra por debajo del nivel básico. En ciencias aumentamos tres puntos, en matemáticas disminuimos dos y en lectura disminuimos nueve. Aunque estadísticamente estas diferencias no son significativas, desde la perspectiva práctica y de política educativa tenemos que preguntarnos por qué seguimos manteniendo los niveles de desigualdad.
¿Qué implicaciones tienen estos resultados para las universidades?
La pregunta para la universidad es cómo hacemos para cerrar esas brechas. ¿Cómo construimos procesos que permitan que nuestros estudiantes alcancen, por lo menos, esos niveles básicos de desempeño?
Pero también tenemos que preguntarnos cómo cerrar las diferencias entre estudiantes provenientes de colegios privados y oficiales, y entre hombres y mujeres. Todos los estudiantes llegan a la universidad con diferencias marcadas, pero existen otras brechas a las que debemos prestar especial atención.
¿Qué relación existe entre las condiciones socioeconómicas y las brechas educativas?
Hay una situación que los sociólogos denominan capital cultural. Quien tiene mayores ingresos económicos posiblemente cuenta con mayores posibilidades de vincular a sus hijos a escenarios que amplían ese capital cultural.
Por ejemplo, además del colegio, algunos estudiantes pueden acceder a actividades extracurriculares, estudiar inglés o participar en espacios que fortalecen competencias en matemáticas. Todo eso amplía sus posibilidades de desarrollo.
Por el contrario, cuando existen condiciones socioeconómicas menos favorables, esas posibilidades se reducen. De esta manera, las brechas pueden mantenerse e incluso ampliarse.
¿PISA mide la calidad de un colegio o los conocimientos que tienen los estudiantes?
No. Es importante hacer esa precisión. Estas pruebas miden las capacidades que tienen los estudiantes para resolver problemas de manera consistente en determinadas áreas. No establecen si un estudiante tiene o no conocimientos en una asignatura específica, ni determinan si una institución es buena o mala.
Incluso hay elementos relacionados con la manera como los estudiantes responden. Por ejemplo, los resultados muestran situaciones en las que un estudiante responde rápidamente, pero de manera errónea. Esto permite observar dinámicas relacionadas con la forma de enfrentar los problemas que plantea la prueba.
¿Qué limitaciones encuentra en la estandarización de estas pruebas?
Estas pruebas tienen una dificultad y es que estandarizan lo que se mide en contextos muy diferentes. Los problemas que debe resolver una persona que vive en un territorio con condiciones rurales, ambientales y culturales particulares no necesariamente son los mismos que enfrenta alguien en otro contexto.
PISA establece una forma hegemónica de resolver determinados tipos de problemas que no necesariamente representa las condiciones de territorios diversos y plurales. Lo que necesitan esos territorios puede estar relacionado con particularidades específicas que la prueba no alcanza a recoger.
¿Qué papel tienen las familias en los resultados educativos?
PISA también preguntó por el acompañamiento familiar y Colombia aparece como uno de los países de América Latina con mayor acompañamiento de las familias en los procesos educativos de los estudiantes.
Sin embargo, esto demuestra que no podemos atribuir los resultados únicamente a la participación de la familia. Seguimos teniendo bajos resultados frente al promedio de la OCDE y existen condiciones territoriales, políticas estatales y barreras culturales que también inciden en las brechas.
Entonces, ¿de quién depende una buena educación?
De todos los actores. La familia, la escuela y el Estado tienen responsabilidades. También las universidades tenemos un papel importante en reconocer qué podemos hacer para contribuir al cierre de las brechas.
Entre más actores se involucren en los asuntos educativos, mayores serán las posibilidades de avanzar en su reducción.
¿Qué papel cumple la formación del estamento docente frente a estos desafíos?
La reflexión pedagógica debe articular los saberes disciplinares con la comprensión de las dinámicas sociales y culturales de los territorios donde los maestros desarrollan su labor.
Una persona que se forma desde una licenciatura puede desarrollar desde el pregrado capacidades para establecer esa relación entre el conocimiento disciplinar y la reflexión pedagógica. Sin embargo, quienes llegan desde otras disciplinas también pueden adquirir esas competencias mediante procesos de formación en maestrías, doctorados y otros espacios académicos.
En la Universidad de Manizales, precisamente, varios programas de la Escuela de Educación trabajan en torno a estos desafíos y buscan contribuir al cierre de la separación entre la reflexión disciplinar y la reflexión pedagógica. Más información: https://umanizales.edu.co/oferta/?nivel=maestrias