Manizales, jueves 15 de octubre de 2026. Hay fechas que el tiempo no logra borrar. Para María Emperatriz Aguirre Guzmán, una de ellas es el 26 de abril de 2007. Era el Día de la Secretaria. Mientras sus compañeras se preparaban para compartir un almuerzo ofrecido por las directivas de la Universidad de Manizales, ella recibía una noticia que transformaría su vida: tenía cáncer de mama.
“Lo recuerdo como una pesadilla. Me quedé sin palabras; no comprendía lo que me estaba pasando”.
Hoy, “Emperita”, como la llamaban cariñosamente sus compañeros, abre las páginas de su memoria en Café de la Sabiduría. Actualmente pensionada de la Universidad de Manizales y sobreviviente de cáncer de seno, comparte un mensaje de esperanza y autocuidado en el marco del Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama, que se conmemora el 19 de octubre.
Todo comenzó una noche. Al acostarse, puso la mano sobre el pecho y sintió algo duro en el seno derecho. A la mañana siguiente acudió al Servicio Médico de la Universidad de Manizales, donde fue atendida por la médica Valeria Guerrero. Después llegaron los exámenes, la biopsia y un largo tratamiento que incluyó quimioterapia, una mastectomía y 36 sesiones de radioterapia.
En medio del tratamiento hubo días de fragilidad física. Se veía delgada, sin cabello y pálida, pero encontraba razones para seguir adelante: su trabajo, sus tres hijos pequeños y su esposo fueron su soporte y su fuerza durante el proceso.
La experiencia transformó también su manera de entender el cuidado. “Para mí, el cuerpo es como un templo sagrado”, afirma. Por eso, después del cáncer procura cuidar su salud física, mental y fortalecer su fe en Dios, además de estar atenta al bienestar de quienes la rodean.
En su historia también hay gratitud. “Emperita” recuerda especialmente el acompañamiento de la doctora Valeria Guerrero, Dilia Castrillón Marín, Luz Marina Valencia y César Augusto Botero Muñoz, así como el de sus compañeros. El respaldo médico, espiritual y laboral, asegura, fue vital para su recuperación.
Han pasado años desde aquel día que partió su historia en dos. Su experiencia se convierte ahora en una invitación para otras mujeres: estar atentas a las señales de alerta, cuidarse de manera consciente y acudir oportunamente al médico.
“Seamos unas asiduas vigilantes de nosotras mismas”, aconseja con la sonrisa que la caracteriza.
En este Café de la Sabiduría, su voz deja una enseñanza que trasciende la enfermedad: aprender a reconocer los cambios y actuar a tiempo también es una manera de abrazar la vida.
La prevención también implica cuidarnos: mantener hábitos saludables, realizar actividad física, evitar el consumo de tabaco y alcohol y mantener un peso saludable son medidas que pueden contribuir a reducir algunos factores de riesgo.
El autoexamen o la autoexploración de mama ayuda a identificar cambios inusuales y favorece la consulta oportuna con un profesional de la salud. Sin embargo, esta práctica no sustituye la valoración médica ni los exámenes de tamizaje, como la mamografía, cuando está indicada de acuerdo con la edad y el riesgo individual.