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Análisis - Antonella: más allá de un homicidio, es una alerta social* - Juan David Jurado

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Ningún ser humano puede negarse a sentir tristeza por la muerte de una persona, mucho menos de una persona que pueda estar bajo circunstancias de indefensión; y aumenta el sentimiento de asombro y dolor, cuando se conoce que la muerte de esa persona no fue natural o accidental, sino que, posiblemente, haya sido ocasionada por uno de sus progenitores.

Manizales, la ciudad históricamente conocida por su cultura, su seguridad, su amabilidad y su civilidad, hace ya varios años viene afrontando diferentes dificultades sociales que, al parecer, no han sido atendidas oportunamente por los gobiernos de turno ni por los mismos ciudadanos, quienes, frente a grandes señales de descomposición social, preferimos en muchas ocasiones guardar silencio, mirar hacia otro lado y continuar el camino como si no ocurriera nada en la ciudad de las puertas abiertas.

Por esas mismas puertas se han colado las problemáticas del envejecimiento de nuestra población, la inestabilidad laboral, el aumento en casos de suicidio o el incremento en denuncias por delitos como violencia intrafamiliar, inasistencia alimentaria y delitos sexuales. Todo un caldo de cultivo que fortalece el crecimiento de la criminalidad y la descomposición familiar.

El caso de la menor Antonella, quien aparentemente fue asesinada por su madre, no es un hecho aislado en Manizales, pues según Medicina Legal, la capital de Caldas es la sexta del país con mayor tasa de violencia intrafamiliar contra niñas y niños, y la tercera con mayor tasa de presuntos delitos sexuales contra esta población.

Sumado a lo anterior, no es casualidad que los hechos se desarrollen en el barrio San Sebastián, pues según un reporte de la Alcaldía de Manizales (Centro de Información Estadística enero de 2023 a febrero de 2025), ese barrio lidera los índices de violencia intrafamiliar en la ciudad, seguido por el sector del Centro y los barrios La Enea, Fátima y Bosques del Norte.

No podemos observar el presunto homicidio cometido contra Antonella, como un hecho alejado de la realidad de la ciudad, que enfrenta problemáticas claramente visibles frente a la atención en salud mental. Recordemos que la presunta homicida tenía señales de autoagresión, aparentemente con la intención de suicidarse, lo que nos lleva a pensar que el comportamiento destructivo puede estar dirigido contra su hija, contra el padre de la menor, contra ella misma, o contra toda una dinámica de vida en la cual no encontraba cabida.

No se trata de justificar su actuación, la justicia resolverá el caso y decidirá en derecho sobre la responsabilidad de Silvana. Lo que pretendo es alzar la voz por una problemática que hace años dejó de ser invisible en Manizales. Ser una de las ciudades con más suicidios en el país y con más violencia intrafamiliar en contra de niños y niñas, demuestra un quiebre dentro de las familias como núcleos fundamentales de la sociedad.

También quisiera recordar que esas crisis familiares no emanan de la nada, son el cúmulo de circunstancias sociales, demográficas, culturales y económicas que poco a poco van determinando el cambio en las dinámicas comportamentales dentro de las diferentes conformaciones familiares. San Sebastián específicamente, es un barrio creado de los retazos de la pluralidad de problemáticas de la ciudad, donde confluyen víctimas del desplazamiento interno por la transformación urbanística, desplazados del territorio nacional por el conflicto armado, desplazados de otros sectores de la ciudad por el microtráfico y crimen organizado, y otros tantos casos individuales en los que hay abandono familiar, abandono estatal y estigmatización social.

Otro asunto interesante para reflexionar es la situación de tantas madres y padres cabeza de hogar que se han quedado solos afrontando la crianza de sus hijos, sin ningún apoyo por parte de sus familias o por parte del gobierno. Si a esa situación de responsabilidad y soledad, le sumamos las dificultades económicas, el poco acceso a la educación y las pocas oportunidades laborales, encontraremos que muchos de ellos terminan encerrados en un mundo sin salida, acorralados junto a sus hijos e hijas, empujados a tomar decisiones fatales como la puesta al servicio de actividades delictivas, la prostitución, la indigencia, o como en este último caso, la comisión de homicidio y la intención del suicidio.

Repito enfáticamente que no pretendo ni me interesa justificar la conducta de Silvana, pero también enfatizo en que ese hecho delictivo en específico es una de muchas puntas de un gigantesco iceberg que poco a poco se asoma en la superficie de la sociedad manizaleña.

Finalmente, un llamado a la tolerancia, a la prudencia, al manejo de las emociones y las pasiones en estos momentos de efervescencia y convulsión. Yo también tengo tristeza, rabia, dudas e incertidumbre frente al resultado del proceso penal. Pero esto no nos puede llevar a cometer errores como acudir a la justicia por mano propia, a la satanización de un sector de la sociedad o a la revictimización de las familias. Desde ya, podemos empezar a hacer parte del cambio, y una adecuada forma de hacerlo es aprender a reaccionar en los momentos de crisis social y de histeria colectiva.

 

*Las opiniones expresadas en este espacio no comprometen el pensamiento institucional. 

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