ACRÓSTICO

Viva en la sabiduría popular, ha existido una afirmación categórica: “lo que no está escrito, no existe”, la cual, si se aplica a la comunidad académica bien podría establecerse como: “para que algo exista, no es suficiente escribirlo,  se hace necesario publicarlo... compartirlo con la comunidad”.

Esta es la razón de la existencia de órganos de difusión (revistas, separatas, boletines, etc.) en los diversos centros académicos del mundo: el compartir los conocimientos que se tienen con los demás integrantes de la comunidad y el público en general.

Nada es tan claro, tales conocimientos provienen de diferentes fuentes y procesos; bien puede ser el producto de un metódico proceso investigativo, o de una exhaustiva revisión bibliográfica, o de una postura teórica, o tal vez de una utopía en busca de convertirse en realidad, entre otras.

También es claro que el conocimiento no es exclusividad de nadie, desde reconocidos investigadores hasta inquietos estudiantes (con suficiente entereza, disponibilidad y sensibilidad) pueden lograrlo.

Antiguamente, en la Grecia -que sirve de base a la cultura occidental- la gama de conocimientos era poca y podía concentrarse en una sola persona: el sabio o erudito.

Nadie, aparte de esas escasísimas personas, dominaban el arte de leer  y escribir. Era un privilegio (monopolio, en palabras actuales) propio de un sabio y su exclusivo grupo de discípulos... Esos elegidos, ¿pensarían alguna vez que estaban originando las denominadas comunidades científicas?

Aunque el hombre ha transmitido oralmente sus conocimientos de una generación a otra, fueron los sumerios quienes aportaron un invento que diferencia al humano de los otros animales: ponerle símbolos a los símbolos verbales, en otras palabras, la escritura.

Innumerables sucesos acaecieron, autopropietarios del conocimiento pulularon, manipuladores de la verdad afloraron...

Ninguna máquina tan importante para la masificación del conocimiento como la imprenta. Gutenberg consiguió que la lectura y la escritura dejaran de ser exclusividad, que las telecomunicaciones tomaran cuerpo, y que la comunicación con los muertos –los maestros de la cultura occidental- fuera posible.

Formalmente aparecen los grupos de personas, que con el dominio de la lectura y escritura, dan a conocer sus saberes a otros, nace la Universidad como centro de construcción, reconstrucción y divulgación del conocimiento.

Omnipotente, la iglesia católica maneja la educación durante mucho tiempo, ubicando la fe sobre la razón; luego con el Renacimiento, la razón toma la importancia suficiente como para establecer la educación laica.

Reyes y plebeyos, clérigos y laicos, citadinos y campesinos, tienen posibilidades –no equitativas, pero sí posibilidades- de acceder al conocimiento escrito.

Muchas obras –de carácter literario, religioso, científico y hasta banal- se consiguen en exclusivos sitios y en los andenes de las calles de cualquier casco urbano, en múltiples presentaciones y precios.

Ágil las telecomunicaciones y tal avalancha de información, implica la necesidad de crear una disciplina personal de lectura, de crecimiento intelectual permanente, de convertirse en seres racionales y no sólo seres biológicos.

Tanto para usar el material impreso, como el disponible en Internet, se requiere de un mecanismo de análisis y selección, de manera que la información considerada sea realmente útil para el crecimiento intelectual.

Inmersos en la comunidad académica de la Facultad de Ingeniería, es indispensable tomar un rol protagónico en ella: los sumerios y los griegos son historia, ellos construyeron el pasado y contribuyeron al presente, mas hoy debe construirse el futuro.

Cada quien, sin importar su status –directivo, estudiante, docente, etc.- tiene mucho conocimiento para compartir y también mucho para recibir... y VENTANA INFORMÁTICA,  órgano difusión de la Facultad de Ingeniería y su Centro de Investigaciones, es el mecanismo natural para hacerlo.

Alguien está esperando un nuevo conocimiento, y alguien está dispuesto a entregar ese nuevo conocimiento.  VENTANA  INFORMÁTICA mantiene abierta para que el conocimiento fluya en ambas direcciones.