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(Tilling y Beate, 1989, 60). De esta manera, la única forma de determinar cuales parámetros sísmicos diagnostican mejor una erupción, puede ser determinada en base a la experiencia en monitoreo y a la historia eruptiva del volcán.
Estrategias para el monitoreo sísmico: Un monitoreo sísmico idóneo, requiere de recursos en equipo y en personal entrenado para el mantenimiento de las redes sísmicas y el análisis e interpretación de los datos. Debido a lo limitado de los recursos económicos y científicos, es imposible llevar a cabo un monitoreo sísmico detallado de todos los volcanes activos.
Monitoreo continuo: "la clave para una detección temprana del inicio de un comportamiento anormal precursor de una posible actividad eruptiva, o de cambios significativos en la actividad, cuando ya está en marcha la erupción, es el análisis e interpretación inmediatos de los datos tanto sísmicos como de otros métodos de monitoreo, para que el monitoreo sísmico sea verdaderamente útil, la red debe tener un número adecuado de estaciones, para registrar los datos exactos de epicentro, magnitud, y profundidad del sismo". (Tilling y Beate, 1989, 62)
Monitoreo periódico: este monitoreo proporciona información acerca de la sismicidad volcánica durante el tiempo del estudio, pero esta información podría no ser representativa de la actividad a largo plazo. Un gran defecto de este tipo de monitoreo es que puede pasar por alto el inicio y aumento de la actividad sísmica precursora de una erupción, proporcionando así la impresión equivocada de un volcán aparentemente tranquilo.
2.3.2 Monitoreo de la deformación del suelo: Es conocido desde hace mucho tiempo que la deformación del suelo acompaña y a veces precede a las erupciones. Los métodos más comunes para este monitoreo han sido la mayoría adaptados de equipos y técnicas empleados en levantamientos topográficos y geodesia. Muchos métodos son capaces de detectar un movimiento en la corteza de unas pocas partes por millón (ppm.) o menos, a pesar que los desplazamientos del suelo puede ser mayor en órdenes de magnitud.
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Desplazamientos verticales: cambios medibles en el desplazamiento vertical de hitos de nivelación (postes o mojones) u otras señales de referencia, a causa de terremotos y actividad volcánica han sido reconocidos desde hace mucho tiempo.
Inclinometría húmeda : los sistemas iniciales para la medición de la inclinación utilizaron el principio de la auto nivelación de un liquido, comúnmente agua, y por esto se les conoce como mediciones "húmedas" de inclinación. "Típicamente este sistema involucra mediciones ópticas de los cambios en el nivel de agua en dos o más envases ("ollas"), interconectados por tubos de agua y aire (para igualar la presión), la distancia o "base" entre los envases puede ser "corta" (unos cuantos metros) o "larga" (decenas de metros); manteniendo constantes los demás factores, mientras más larga sea la base, mayor será la precisión del instrumento" (Tilling y Beate, 1989, 68). Un sistema de Inclinometría húmeda proporciona tanto la cantidad como la dirección del cambio de inclinación.
Inclinometría seca: tienen la facilidad de ser portátiles, "utilizan un nivel óptico de precisión localizado en el centro de 3 o más hitos, para medir cambios medir cambios diferenciales de altura en las miras ubicadas sobre hitos permanentes" (Tilling y Beate, 1989, 68).
Inclinometría electrónica: miden los cambios de inclinación de manera continua, durante las 24 horas del día, sin importar condiciones atmosféricas. Por lo tanto pueden detectar indicadores precursores de erupción que podrían ser pasados por alto en el monitoreo periódico.
Desplazamientos horizontales: la inflación o deflación pre-eruptiva causa tanto deformación horizontal como desplazamientos verticales. La componente horizontal de la deformación del terreno puede ser monitoreada por mediciones con teodolito, mediciones con distanciómetro electrónico (EDM), extensómetros y líneas de fractura.
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