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El Trastorno por Déficit de Atención
e Hiperactividad (TDAH) se describe como
entidad clínica desde 1854 y ha
sido conocido con diferentes términos;
su etiología es desconocida y su
prevalencia en otros países se
ha considerado entre el 6 y 9% de los
niños escolarizados. Su presentación
se asocia con dificultades cognoscitivas
que afectan diferentes aspectos de la
vida del individuo, incluyendo aprendizaje,
trabajo y relaciones interpersonales.
En
los últimos 20 años, este
desorden ha sido uno de los más
estudiados desde la neurología,
la neuropsicología y la psicopedagogía.
En la actualidad se le considera como
el trastorno mental crónico más
frecuentemente presentado en la población
escolar. Evidencia neurobiológica
disponible propone que se trata de una
disfunción neurológica caracterizada
por un amplio rango de alteraciones que
comprometen la regulación de la
atención, inhibición de
respuestas y regulación motora,
dificultades que se relacionan con las
denominadas «funciones ejecutivas»
y cuyas manifestaciones clínicas
cambian al mismo tiempo que cambian los
procesos normales de desarrollo del individuo.
Los
sujetos afectados tienen un riesgo importante
de padecer patologías psiquiátricas
y trastornos del desempeño social,
de acuerdo con la edad. En la adolescencia
y en la vida adulta, por ejemplo, se han
observado altos niveles de drogadicción
y alcoholismo, personalidad antisocial
y un nivel educativo y laboral inferior
a lo esperado en comparación con
individuos normales.
Particularmente,
desde el punto de vista psicoeducativo,
la literatura especializada señala
que en los individuos que padecen TDAH,
las dificultades para planear, organizar
y finalizar actividades, así como
seguir instrucciones, interfieren directamente
con el desempeño escolar y académico.
Estas condiciones se reflejan en el alto
nivel de consulta derivada de las observaciones
informales hechas por padres, maestros
y profesionales, lo cual permite sospechar
que este fenómeno viene en aumento,
generando una amplia problemática,
dado el desconocimiento de este desorden
por parte de las diferentes instancias
de la comunidad educativa, acerca de sus
implicaciones en el aprendizaje y su disfuncionalidad
en el medio familiar y social.
A
nivel local, se dispone de elementos científicos
producidos desde diversos trabajos investigativos
y aplicados al contexto, lo cual cobra
gran importancia en la medida en que estos
aportes tienen un carácter proyectivo
de mucho alcance tanto en lo territorial
como temporal dadas sus implicaciones
en políticas
educativas, regionales e institucionales.
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| 1.
Ampliar conceptual, teórica y metodológicamente
la detección e intervención
del TDAH desde una perspectiva integral,
a fin de favorecer de manera significativa
la cualificación del proceso enseñanza-aprendizaje.
2. Propiciar la generación de alternativas
pedagógicas que contribuyan a una
adecuada respuesta desde el ámbito
escolar y social a las necesidades educativas
de los sujetos con TDAH.
3. Unificar criterios que estimulen una
reflexión crítica y/o intereses
investigativos acordes al contexto, que
contribuyan a la cualificación
de procesos de desarrollo pedagógico
con impacto en políticas regionales.
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